Sobre la huelga de la educación balear.

Vaya por adelantado que no tengo del todo claros los motivos de la huelga. Así, con un par, me atrevo a opinar de algo que no conozco en profundidad (aunque al menos lo reconozco). Pero es que el tema del post no es quién tiene o no razón.

En principio mi apoyo va hacia los huelguistas tengan el motivo que tengan. Porque son trabajadores y tienen que perder más que nadie por el mero hecho de hacer huelga, así que si la hacen tienen que estar muy seguros de tener razón y de que el (grandísimo) esfuerzo vale la pena. No necesito más.

Pero el motivo de escribir ésto es la convicción de que todo su esfuerzo será en vano a no ser que TODOS les respaldemos. Y pongo el todos en mayúsculas porque estoy seguro que ésta es una guerra de todos. Me explico: Al margen de la prepotencia fascista de los pperos (creo que no necesito poner ningún ejemplo) que se sienten amos y señores de vidas y haciendas en territorio español por derecho divino, heredado o por gilipollas; al margen de éso, digo, estoy convencido de que el gobierno balear está siendo presionado desde Madrid para no ceder. Porque imagínate por un momento que una huelga indefinida de, pongamos, un mes, logra doblegar las muy arbitrarias decisiones del gobierno autonómico: entonces quedaría claro  para el resto de los españoles que una huelga indefinida a nivel nacional podría obligar al gobierno a cambiar su política o en su defecto a convocar elecciones Y A ESO SI QUE NO ESTÁN DISPUESTOS.

Señores educadores huelguistas de Baleares: son ustedes un ejemplo para todos y, por ese mismo motivo, serán atacados con toda la munición a disposición de los poderes políticos. No puedo más que desearles suerte porque estoy convencido de que su éxito tendrá mucho que ver con el futuro de todos los españoles.

Desde aquí, mis mejores deseos, mi apoyo y mi admiración. Ojalá cunda su ejemplo.

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Acabo de enterarme.

Acabo de enterarme. Bueno, no, en realidad me enteré ayer ¿De qué? Del motivo por el que no trabajo.

Resulta curioso, cuando menos, enterarme por mi madre de que el motivo por el que no trabajo es “Que tuvo un accidente con el autobús, que el golpe fue por el lado del conductor y quedaste mal, y por eso estás de baja”.

Llevo viviendo estas historias toda la vida, en un pueblo pequeño donde todo el mundo sabe la vida de todo el mundo no entiendo esa manía por difundir bulos. Y si no la sabes tampoco, caramba, si no sabes no inventes. Por ese motivo, y porque no creo que la enfermedad sea un castigo divino ni mucho menos, nunca tuve problema en contar y explicar, incluso en exceso, mi enfermedad, sus efectos asociados, los efectos de las medicinas que me daban, etc, etc, con pelos y señales. Cualquiera puede saber lo que me pasa, incluso sin preguntar se lo cuento yo. Estoy enfermo, tengo Crohn y además me afecta a los músculos, no hay mas (ni menos, contra, que ya es bastante).

Pues ni así. Siguen soltando bulos con toda la alegría del mundo, sin preocuparse lo más mínimo de informarse.  Seguro que quien se lo inventó además se ofenderá hasta el extremo si un día se difunde un bulo sobre su persona, estoy seguro de ello. Qué trabajo les debe de costar preguntar, caramba ¿Cómo dicen los periodistas, que la realidad no te estropee un buen titular? Pues en Luanco lo cambiamos por “Que la realidad no te estropee un buen bulo (con lo que me costó inventármelo)”.

Nada, que después de luchar con la enfermedad, estar de baja, pasar tribunal, perder el empleo, estar al paro mientras salía el juicio con la Seguridad Social, lograr la incapacidad total para mi profesión habitual (hace un año ya de ésto) y buscar trabajo (en ello sigo) en otros ámbitos, todo esto resulta que no me pasó y que en realidad estoy de baja por un accidente, puedes preguntarle a cualquiera.

Yo acabo de enterarme. Menos mal.

Microcuento

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Duele

Perdedores

Siempre me encantaron estos versos (no solo estos, conste)

“Este adiós no maquilla un hasta luego
este nunca no esconde un ojalá
estas cenizas no juegan con fuego
este ciego no mira para atrás
este notario firma lo que escribo
esta letra no la protestaré
ahórrate el acuse de recibo,
estas vísperas son las de después
a este ruido tan huérfano de padre
no voy a permitir que taladre un corazón podrido de latir
este pez ya no muere por tu boca
este loco se va con otra loca
estos ojos ya no lloran más por ti.”

Quizá es que me va el papel de perdedor atormentado. Sí, me encuentro cómodo en ese papel, mi recorrido vital es ése. PERO.

Quizá es que, a mis años ya, sé que cada vez que pierdes algo (o a alguien), es una oportunidad para ganar algo mejor si sabes jugar tus cartas. No por ello duele menos, ni mucho menos, quizá incluso al revés, piensas “no quiero nada mejor, quiero ESTO” pero superado ese momento, todo lo que viene a continuación mejora lo pasado. Sospecho que el motivo no es otro que la experiencia, que en realidad objetivamente nada es mejor pero tu sabes sacarle mejor provecho, pero el caso es que es así. Acaba siendo mejor para ti y eso es lo realmente importante.

Al final, si lo lees bien, los mejores capítulos de la historia están escritos por perdedores, Como yo.

No eres tú, soy yo.

Queda claro con el título que ésto habla de una ruptura. Anoche, esta madrugada más bien, tuve un cruce de cables (llámalo “revelación” o “epifanía” si crees que queda más mono) y borré mis cuentas de tuiter, la personal y la ¿profesional?. Si me seguías ya sabes a qué cuentas me refiero y si no tampoco importa, porque ya no puedes seguirme. Cuatro años cumplí el 3 de Agosto con mi cuenta de tuiter, cuatro años en los que no me dediqué a acumular followers (apenas si pasé de 900 de los que muchos eran cuentas profesionales o bots) sino a… Cuatro años más tarde aún no sé a lo que me dediqué en tuiter. Durante una larga época en la que apenas si podía salilr de casa, me sirvió (mucho y bien) para evitar la depresión puesto que me traía las “charlas de bar” hasta casa y me hacía compañía, mucha compañía; a veces hasta creía ser una persona como las demás.

Luego la situación fue cambiando, la mía y la de tuiter, empezó a meterse mucha gente con distintos objetivos, a decir cómo había que usar tuiter “esto no es un chat”, “como haces fav sin rt”, “X es un tuitero de pro” ¿Tuitero de pro? ¿dónde coño se estudia para tuitero? ¿qué tribunal decide quién es mal o buen tuitero? ¿qué coño es ser tuitero aparte de tener una cuenta de tuiter y usarla? Nunca conté los RT salvo cuando por curiosidad solté una gilipollez y empezaron a salir RT de todos lados, por incredulidad más que por otra cosa: nunca me dijeron que pagaran por RT o por FAVs, así que nunca les hice caso.

Vinieron las crisis, las limpiezas de timeline, los días de no tuitear… y retomamos el uso poco a poco, hay gente fabulosa a la que te encanta leer (y contestar alguna chorrada de tanto en cuanto), con la que bromear, con la que insultarte, aparecen idiotas a los que bloquear, charlas por dm para dar y recibir apoyos y mil historias, porque al final Tuiter solo es un medio que utilizan las personas, y las personas somos siempre igual, aquí o en el bar, con dolores, alegrías, frustraciones, penas…

Y llega el momento, de repente y sin tener muy claro porqué, en que no te sientes agusto a pesar de pasarte el día conectado. Creo que es porque lo hice demasiado bien, me rodeé de la mejor gente , y ahí la cagué. Porque con vuestras respuestas, comentarios, tuits hacia/sobre mí me reflejáis demasiado bien y no me gusta. No me gusta una gran parte de lo que soy, y me lo mostráis a diario, sois un espejo que devolvéis no mi rostro sino mi alma, y puedo soportar los grises oscuros de mi alma si los escondo, pero no si los veo a diario.

Llamadme cobarde si queréis (¡y mejor por tuiter, que así me ahorro leerlo!) pero es lo que siento. Y tienes esa revelación y haces lo que siempre dices que hay que hacer y nunca haces: ejecutar la primera idea. Cuentas de tuiter cerradas, fin, se acabó. Mañana podrás hacer mil cosas en todas esas horas que dedicabas a leer y escribir en tuiter. Aunque no tengas nada que hacer.

Tengo 30 días para recuperar mis cuentas. 29 días para reflexionar si lo que hice está bien o mal. Así que no descorchéis el cava hasta dentro de un mes, que igual vuelvo a activar la cuenta. Pero eso sí, los que me apreciáis (que me consta que hay más de uno, aunque no sé el motivo) tenedlo claro: No sois vosotros, soy yo.

Un adiós

Puede parecer absurdo despedirse de un objeto (de dos en este caso) pero hay circunstancias que convierten algunos objetos en “algo más” y ésta es una de esas veces en los que perder ese objeto entristece.

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Durante años, ya no recuerdo si tres o cuatro, vestí este par de zapatillas prácticamente todos los días, porque mi enfermedad convertía en una tortura (cuando no directamente me hacía imposible) atarme unos cordones o encerrar mis doloridos pies en unos zapatos.

Con estas zapatillas iba vestido al médico que intentaba curarme, al fisio que intentaba aliviarme, a hacer las fotos que me distraían de mi enfermedad durante un rato, a pasear cuando podía, al juicio contra la Seguridad Social para lograr mi incapacidad, al hospital a recibir mi medicación… Viví con ellas puestas un montón de experiencias duras, unas pocas realmente magníficas, casi todas ellas inolvidables.

Pero nada es para siempre, y la suela izquierda ya dice que basta de soportar mis más de 90 kg., la goma está tan gastada que prácticamente piso el suelo y se hace imposible seguir usándolas, así que no queda otra que meterlas en el cubo de la basura. Un adiós que, aunque os parezca estúpido, me dolerá, porque hay mucha vida hecha con esas zapatillas. Estuvieron ahí justo cuando las necesitaba, como los buenos amigos. Ahora ya puedo agacharme para atar unos cordones, pero tirarlas me parece como darle de lado al amigo que estuvo en los momentos malos cuando llegan los momentos buenos.

Sí, soy así de sentimental. También con unas zapatillas.

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