Acabo de enterarme.

Acabo de enterarme. Bueno, no, en realidad me enteré ayer ¿De qué? Del motivo por el que no trabajo.

Resulta curioso, cuando menos, enterarme por mi madre de que el motivo por el que no trabajo es “Que tuvo un accidente con el autobús, que el golpe fue por el lado del conductor y quedaste mal, y por eso estás de baja”.

Llevo viviendo estas historias toda la vida, en un pueblo pequeño donde todo el mundo sabe la vida de todo el mundo no entiendo esa manía por difundir bulos. Y si no la sabes tampoco, caramba, si no sabes no inventes. Por ese motivo, y porque no creo que la enfermedad sea un castigo divino ni mucho menos, nunca tuve problema en contar y explicar, incluso en exceso, mi enfermedad, sus efectos asociados, los efectos de las medicinas que me daban, etc, etc, con pelos y señales. Cualquiera puede saber lo que me pasa, incluso sin preguntar se lo cuento yo. Estoy enfermo, tengo Crohn y además me afecta a los músculos, no hay mas (ni menos, contra, que ya es bastante).

Pues ni así. Siguen soltando bulos con toda la alegría del mundo, sin preocuparse lo más mínimo de informarse.  Seguro que quien se lo inventó además se ofenderá hasta el extremo si un día se difunde un bulo sobre su persona, estoy seguro de ello. Qué trabajo les debe de costar preguntar, caramba ¿Cómo dicen los periodistas, que la realidad no te estropee un buen titular? Pues en Luanco lo cambiamos por “Que la realidad no te estropee un buen bulo (con lo que me costó inventármelo)”.

Nada, que después de luchar con la enfermedad, estar de baja, pasar tribunal, perder el empleo, estar al paro mientras salía el juicio con la Seguridad Social, lograr la incapacidad total para mi profesión habitual (hace un año ya de ésto) y buscar trabajo (en ello sigo) en otros ámbitos, todo esto resulta que no me pasó y que en realidad estoy de baja por un accidente, puedes preguntarle a cualquiera.

Yo acabo de enterarme. Menos mal.

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No eres tú, soy yo.

Queda claro con el título que ésto habla de una ruptura. Anoche, esta madrugada más bien, tuve un cruce de cables (llámalo “revelación” o “epifanía” si crees que queda más mono) y borré mis cuentas de tuiter, la personal y la ¿profesional?. Si me seguías ya sabes a qué cuentas me refiero y si no tampoco importa, porque ya no puedes seguirme. Cuatro años cumplí el 3 de Agosto con mi cuenta de tuiter, cuatro años en los que no me dediqué a acumular followers (apenas si pasé de 900 de los que muchos eran cuentas profesionales o bots) sino a… Cuatro años más tarde aún no sé a lo que me dediqué en tuiter. Durante una larga época en la que apenas si podía salilr de casa, me sirvió (mucho y bien) para evitar la depresión puesto que me traía las “charlas de bar” hasta casa y me hacía compañía, mucha compañía; a veces hasta creía ser una persona como las demás.

Luego la situación fue cambiando, la mía y la de tuiter, empezó a meterse mucha gente con distintos objetivos, a decir cómo había que usar tuiter “esto no es un chat”, “como haces fav sin rt”, “X es un tuitero de pro” ¿Tuitero de pro? ¿dónde coño se estudia para tuitero? ¿qué tribunal decide quién es mal o buen tuitero? ¿qué coño es ser tuitero aparte de tener una cuenta de tuiter y usarla? Nunca conté los RT salvo cuando por curiosidad solté una gilipollez y empezaron a salir RT de todos lados, por incredulidad más que por otra cosa: nunca me dijeron que pagaran por RT o por FAVs, así que nunca les hice caso.

Vinieron las crisis, las limpiezas de timeline, los días de no tuitear… y retomamos el uso poco a poco, hay gente fabulosa a la que te encanta leer (y contestar alguna chorrada de tanto en cuanto), con la que bromear, con la que insultarte, aparecen idiotas a los que bloquear, charlas por dm para dar y recibir apoyos y mil historias, porque al final Tuiter solo es un medio que utilizan las personas, y las personas somos siempre igual, aquí o en el bar, con dolores, alegrías, frustraciones, penas…

Y llega el momento, de repente y sin tener muy claro porqué, en que no te sientes agusto a pesar de pasarte el día conectado. Creo que es porque lo hice demasiado bien, me rodeé de la mejor gente , y ahí la cagué. Porque con vuestras respuestas, comentarios, tuits hacia/sobre mí me reflejáis demasiado bien y no me gusta. No me gusta una gran parte de lo que soy, y me lo mostráis a diario, sois un espejo que devolvéis no mi rostro sino mi alma, y puedo soportar los grises oscuros de mi alma si los escondo, pero no si los veo a diario.

Llamadme cobarde si queréis (¡y mejor por tuiter, que así me ahorro leerlo!) pero es lo que siento. Y tienes esa revelación y haces lo que siempre dices que hay que hacer y nunca haces: ejecutar la primera idea. Cuentas de tuiter cerradas, fin, se acabó. Mañana podrás hacer mil cosas en todas esas horas que dedicabas a leer y escribir en tuiter. Aunque no tengas nada que hacer.

Tengo 30 días para recuperar mis cuentas. 29 días para reflexionar si lo que hice está bien o mal. Así que no descorchéis el cava hasta dentro de un mes, que igual vuelvo a activar la cuenta. Pero eso sí, los que me apreciáis (que me consta que hay más de uno, aunque no sé el motivo) tenedlo claro: No sois vosotros, soy yo.

Un adiós

Puede parecer absurdo despedirse de un objeto (de dos en este caso) pero hay circunstancias que convierten algunos objetos en “algo más” y ésta es una de esas veces en los que perder ese objeto entristece.

Imagen

Durante años, ya no recuerdo si tres o cuatro, vestí este par de zapatillas prácticamente todos los días, porque mi enfermedad convertía en una tortura (cuando no directamente me hacía imposible) atarme unos cordones o encerrar mis doloridos pies en unos zapatos.

Con estas zapatillas iba vestido al médico que intentaba curarme, al fisio que intentaba aliviarme, a hacer las fotos que me distraían de mi enfermedad durante un rato, a pasear cuando podía, al juicio contra la Seguridad Social para lograr mi incapacidad, al hospital a recibir mi medicación… Viví con ellas puestas un montón de experiencias duras, unas pocas realmente magníficas, casi todas ellas inolvidables.

Pero nada es para siempre, y la suela izquierda ya dice que basta de soportar mis más de 90 kg., la goma está tan gastada que prácticamente piso el suelo y se hace imposible seguir usándolas, así que no queda otra que meterlas en el cubo de la basura. Un adiós que, aunque os parezca estúpido, me dolerá, porque hay mucha vida hecha con esas zapatillas. Estuvieron ahí justo cuando las necesitaba, como los buenos amigos. Ahora ya puedo agacharme para atar unos cordones, pero tirarlas me parece como darle de lado al amigo que estuvo en los momentos malos cuando llegan los momentos buenos.

Sí, soy así de sentimental. También con unas zapatillas.

Cara de idiota

Cara de idiota se me ha quedado al recibir éste mensaje en mi correo:

Hola:

Has recibido un mensaje a través de tu página web.
El mensaje se envió desde la página http://jaimeluanco.jimdo.com/contacto/.

Se han transmitido los siguientes datos:
-------------------------------------
Nombre: Xxxxx

Dirección de email: xxxxxxxxxx@live.com

Mensaje: Me gustaría, si no te importa poder quedarme con alguna de 
esas fotos, como la de la Erbosa. Gracias

Como no me pilla de humor, voy a compartir con vosotros la respuesta que va a recibir la señorita Xxxxx, que será la siguiente:

“Señorita o señora Xxxxx:

Comprenderá que no pueda acceder de ningún modo a su petición. Me parece asombroso que tenga usted la osadía de pedirme que le regale el fruto de mi trabajo, formación, inversión en equipo, etc. Si muestro mis fotografías es para intentar conseguir un rendimiento económico que compense todos mis esfuerzos, en otro caso las pondría bajo licencia Creative Commons a libre disposición del público.

No me malinterprete, no soy un ogro egoísta que se niega a regalar una foto, al revés, quienes me conocen saben de mi generosidad (al menos en este aspecto) pero todo tiene un límite y existe algo se que se denominan modales. Le explico:

Para sucesivas ocasiones que pretenda semejante cosa, le sugiero que en su mensaje incluya datos como “Soy Xxxxxx y fuimos juntos al colegio”  o “Soy Xxxxxx y te sigo en tal o cual red social” o “Soy Xxxxxx y no le conozco de nada pero he encontrado su trabajo de casualidad”.

A partir de tan sencillo inicio, el siguiente paso es dorar un poco la píldora (no nos engañemos, internet tiene un alto componente de exhibicionismo y a todos nos agrada que nos engorden el ego) y basta una frase tan sencilla como “me ha encantado tu trabajo, me parece que es un fotógrafo excelente”. No hace falta más.

Y al final, una última mentira, para tenerme en el bote “la foto por supuesto será utilizada para:

  • opción 1- poner en mi casa
  • opción 2- regalársela a mi anciana mamá
  • opción 3- ponerla de fondo de pantalla

Y añada, por supuesto, un igualmente falso “No se preocupe usted que bajo ningún concepto serán usadas con ningún tipo de fin comercial”

Con eso, ya me tendría convencido, incluso sin pedirle a cambio que apareciera mi nombre citado. Así de simple soy.

Ah, se me olvidaba un último consejo: “alguna de esas fotos” así, en genérico, engloba ni más ni menos que todas las fotos menos una, si mis escasos conocimientos de español no me fallan. Sea más concreta, se agradecerá.

Atentamente:

Jaime González Fernández.

(P.D.: ¿Qué cara se le quedaría a usted si la abordo por la calle y le pido si me puede limpiar algunas de las ventanas de mi casa, como las del salón ?)”

Huelga general: sí, pero no.

Tengo esto muy abandonado por culpa de mi histórica tendencia a la procrastinación y, sobre todo, de ese invento maligno llamado tuiter (o Twitter, para los puristas). Tuiter es un flujo contínuo de información, pero sobre todo es un flujo contínuo de gente opinando con mayor o menor nivel de reflexión, es como estar en el bar, en el mercado o en la plaza del pueblo: escuchas (lees) mucho y muy variado. Y sobre eso quiero escribir hoy.

Pongo por anticipado que estoy totalmente de acuerdo con la huelga general, dado que en el caso de estar trabajando con la reforma laboral aprobada tardaría exactamente dos meses en ser echado de mi trabajo por culpa de mis problemas de salud. Y muchos motivos más, pero poniendo por delante los motivos egoístas, no creo que nadie necesite más para creerme ¿verdad?.

Pero si bien creo que se debe de hacer presión en modo de huelga y en todos los modos posibles contra este asalto a mano armada (armada de decreto ley, claro) no comprendo los malos modos y el matonismo contra los que no estén de acuerdo en secundarla, por mucho que sus razones me parezcan falsas y manipuladas por la propaganda (o no, que muchos tienen sólidas y muy fundadas razones para no hacerlas).

Yo defiendo la huelga general para defender mi libertad y mis derechos, y que no me recorten ni la una ni los otros. Y no entiendo que para defender mi libertad y mis derechos tenga que conculcar la libertad y los derechos de otros de forma violenta y matonil. Tengo que convencerles con argumentos y razonamientos, y si no logro convencerles tengo que respetarles porque quiero que ellos también me respeten a mí. ¿Como coño demonios voy a pedir respeto con un tubo de silicona, piedras para romper escaparates, amenazas, insultos…? ¿Que concepto de democracia es ese? Desde luego, no el que tengo yo. No puedo estar condenando hoy a los que agreden verbal e incluso físicamete (de momento solo en las propiedades, y esperemos que no pasen de ahí) a Pilar Manjón y luego hacer yo lo mismo con el tendero de la esquina. Me parece inaceptable.

Así que huelga general sí, porque debemos defender nuestros derechos, pero no: no al matonismo, a la agresión, al acoso, al conculcar las libertades del ciudano de al lado. Respeto. Para que te respeten.

Culpa vuestra.

Ya llevamos suficientes días de gobierno pepero para saber lo que hay y habrá sin ningún lugar a dudas. Los que ganaros las elecciones por incomparecencia del rival y sus votantes tardaron muy poco en atropellar una tras otras sus promesas electorales creando una realidad que nadie se hubiera creído hace cuatro meses si se la hubieran contado.

El ejercicio de cinismo, hipocresía y mentira entre lo que dijeron que iban a hacer y lo que hicieron nada más “tocar pelo” de poder supera la imaginación de cualquier guionista de serie de ficción. Y ahora es cuando escuchamos “nos engañaron, no les votamos para ésto, dijeron que no iban a subir impuestos, que iban a crear empleo y no a poner el despido libre…”  y entonces es cuando yo digo.:Es culpa vuestra el haberles creído, porque no es la primera vez que os llaman idiotas a vuestra cara. Nuestro excelentísimo presidente del gobierno es el mismo sinvergüenza que negó la marea negra del Prestige, el que dijo que “solo salen unos hilillos de plastilina”. Son los mismos, exactamente los mismos (sigo sin entender que no se les haya procesado por traición, aunque viendo lo que pasó con Garzón imagino que nadie se atrevería) que negaron a sabiendas quién fueron los autores del mayor atentado terrorista de la historia de España únicamente para protegerse de una presumible derrota electoral (otras elecciones generales que pretendían ganar mintiendo a sabiendas). Son los que tienen los mayores agujeros económicos en las comunidades autónomas donde desgobiernan, con presidentes (expresidentes ya) imputados por corrupción y haciendas autonómicas quebradas. Son los que justifican que “la situación estaba peor de lo que esperábamos” ¡devuelvan entonces los sueldos que cobraban en la oposición, señores míos, porque si no se enteraron de nada no tienen derecho a cobrar un trabajo que no realizaron! ¿qué cojones hacían ustedes de diputados entonces?. Son los que para controlar la contaminación en Madrid en lugar de tomar medidas quitaban las estaciones de medición para que los malos datos no salieran a la luz. Y tantas y tantas más que mi salud mental me obliga a olvidar.

Es culpa vuestra, por creer a aquéllos que no tienen credibilidad ninguna, que mienten hasta cuando dicen su nombre, por no informaros, por dejaros llevar por impulsos idiotas en lugar de ejercer vuestra responsabilidad como ciudadanos. Y al que diga “yo no los voté, me quedé en casa porque son todos iguales” es culpa vuestra también porque si bien el PP ganó con sus votantes de siempre, si logró la mayoría absoluta fue gracias a todos los que no fuisteis a votar a otra opción.  Ahora a ver como lo arregláis, porque dudo mucho que el país pueda soportar cuatro años de semejante despropósito neofascista donde se manda a la policía a pegar a niños de 14 años que quieren calefacción y profesores en sus colegios. Ésto también es culpa vuestra. Y mía.

Cambios.

Nací en una casa sin nevera ni televisión, por aquel entonces en las casas había un rincón conocido como “la fresquera”, a veces incluso con unas rendijas al exterior, en la zona más fría de la casa, donde se guardaban los alimentos más perecederos. Muchas calles estaban sin asfaltar, y los coches eran poco menos que testimoniales, los scooters algo más frecuentes. La conservera, situada en medio del pueblo, nos indicaba la hora de levantarse para ir al colegio con la sirena que tocaban a la entrada del turno de trabajo. La leche la traían las lecheras en carros desde las granjas de los alrededores, recién ordeñada de vacas que se alimentaban de hierba, muchas veces en semilibertad por los prados del dueño. Cuando llegaban las lanchas al muelle, las mujeres (sí, otra vez las mujeres) cargaban en los carros y voceaban por las calles la mercancía, pescado fresco como muchos nunca habréis visto.

Al poco tiempo, mis padres compraron un piso por fin, tendría yo unos cinco años y ya teníamos nevera y televisión en blanco y negro. Más tarde, unos dos o tres años después, tendríamos teléfono, un teléfono con un disco que había que dar vueltas para marcar los números. Las cartas traían noticias de la familia, las caligrafías eran exquisitas, venían escritas con estilográfica, y en Navidades llegaban un montón de tarjetas. Podías jugar en la calle, literalmente en el medio de la calle, y apartarte las pocas veces que pasaba un coche. A veces terminabas de jugar y subías a por la merienda sin que hubiera pasado ninguno. Ahora hay que tener cuidado hasta cuando vas por la acera, continuamente invadida por la mala educación de los conductores.

En los primeros años en la escuela no teníamos calculadoras (ni en casa tampoco, sencillamente no había), las galletas venían a granel y el tendero las sacaba con la mano de una caja grande y las pesaba, solo tenían tres tipos: las galletas maría, las mayucas y de coco. Y la gaseosa venía en botellas de cristal retornables, la primera vez pagabas el precio de la botella y luego ya llevabas la vacía para comprar la llena y así solo te cobraban el precio de la bebida. En Reyes o en tu cumpleaños tenías UN regalo. Uno. Y de todos los compañeros del cole, el raro era uno, sólo uno, que no tenía hermanos, lo normal era tener tres o cuatro hijos al menos.

Vi el primer reproductor de video traído por un capitán de pesca, de los que se pasaban meses pescando en los bancos de Terranova (descasa en paz, Vicente), comprado en Canadá o EEUU mucho antes de que los comercializaran en España, un video sistema 2000. Un par de años más tarde empezaron a venderse, a precios carísimo, y aparecieron el Betamax y el VHS. Y los videoclubs, con las películas separadas por “sistemas”, hasta que finalmente se quedó solo el VHS. Luego vinieron los DVD, y después desaparecieron los videoclubs.

Ya en el instituto, vi el primer Spectrum ZX, los Amstrad, y demás. Mi primer PC fué un Amstrad PC1512 sin disco duro que era la bomba con su procesador de ¡7 Mhz!, tenía además un monitor en blanco y negro (lo normal era el fósforo verde) y dos lectores de diskette de doble cara (los conocí de cara simple) de 5”1/4.

Los pinball fueron dejando paso a los videojuegos poco a poco (no maté yo marcianos en el Space Invader ni nada) y las salas de juegos fueron perdiendo las mesas de ping-pong, luego la mesa de billar y después los pinballs para terminar cerrando también. A todo ésto, la conservera había cerrado y la habían tirado para construir pisos. También se dejaron de vender los cigarrillos por unidades, y se extinguió el intercambio de  novelas de Marcial Lafuente Estefanía y de Corín Tellado por un módico precio.

Vi aparecer el primer autoservicio, que nadie entendía como se podía hacer la compra sin tendero y escuché que aquello cerraba en dos días, que no tenía futuro. Asistí a las discusiones sobre la obligatoriedad del cinturón de seguridad, la resistencia a su uso. Apareció la primera tele en color, carísima, que tardó muchos (pero que muchos) años en entrar en mi casa. Todas estas cosas y muchas, muchísimas más, vi desaparecer, o aparecer y desaparecer, y forman parte del camino que nos trajo hasta el momento presente, es lo que llaman progreso.

Así que todas las discusiones que leo ahora sobre la desaparición de los periódicos en papel, del fin de la industria del cd y el dvd de entretenimiento, de tantas cosas… comprenderéis que me suene a cachondeo, con todo lo que llevo vivido a lo largo de mi vida. Todo, absolutamente todo, llega un momento en que se termina, y resistirse a ello es gastar energía en vano, lo que hay que aprender es a cambiar como cambian las cosas, y si aquello en lo que trabajas se termina, recíclate y dedícate a otra cosa. Mira atrás con nostalgia, quizá, pero sin rencor, y solo dos minutos, el mundo no está ahí detrás, está ahí delante. Y está construído a base de cambios.

P.D.: Para los más jóvenes, que nacieron ya con conexión a internet, no, no tengo 95 años. Puede que sea más joven incluso que tus padres, solo tengo 44. Calcula ahora cómo será el mundo cuando seas tú el que los tenga. Si puedes. 😉

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