Tiene nuestro gobierno soliviantados a los laboratorios farmacéuticos con el tema de los medicamentos genéricos. Se defiende así el Estado del enorme gasto en medicinas que tiene que afrontar cada año, y a mí (gran consumidor de medicinas para mi desgracia) me parece muy bien salvo por el “pequeño” detalle de que deberían habérselo planteado mucho tiempo atrás.
Pero el tema de los genéricos debería ir mucho más allá del tema de las medicinas. Me explico:
No es de recibo el esfuerzo que se les exige a las familias año tras año con el tema de los libros escolares, gasto tan enorme como inútil sometidos a los caprichos de editoriales, jefes de departamento, e incluso dueños de colegio (de colegios privados, concertados o no) que exigen libros de la editorial que más/mejor comisión/regalo les ofrezca. Porque sí, señores, en el tema de los libros de texto también existen los “regalo-soborno” como en medicina con los laboratorios y los médicos, aunque muchos de los profesores de este país ni siquiera lo sepan.
Apostaría la cabeza a que si fuera el Estado el que tuviera que equipar a los alumnos y no sus padres hace tiempo que habrían exigido la publicación de libros de texto genéricos (y heredables de un año al siguiente). Porque, señores míos, dos más dos siguen siendo cuatro desde que mi abuela no pudo ir a la escuela; incluso desde bastante antes, me atrevería a decir, así como en Egipto reinaron los faraones en la misma época por muchos años que hayan pasado, y fuerza sigue siendo igual a masa por aceleración ¿verdad?
Por todas estas razones, y el millón de ellas más que se os puedan ocurrir… “LIBROS DE TEXTO GENÉRICOS ¡YA!” . Que ya va siendo hora de usar el sentido común de una puñetera vez en este país de pandereta.
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